Emprender no empieza con un logo, un nombre o una inversión. Empieza con una pregunta clave: ¿esto que quiero crear realmente le sirve a alguien?
La validación es la etapa más ignorada… y también la más valiosa. Porque te permite descubrir, antes de desgastarte, si tu idea tiene potencial real o si necesita ajustes.
Validar no requiere dinero, requiere intención. Empieza hablando con personas que podrían necesitar lo que ofreces: pregúntales qué les frustra, qué han intentado, qué están buscando y cuánto estarían dispuestas a pagar. No asumas: escucha.
Luego, prueba una versión simplificada de tu idea:
- Un prototipo hecho en Canva
- Un mockup del producto
- Un servicio reducido
- Un video explicando la propuesta
- Una encuesta con opciones concretas
Observa las señales: ¿La gente pregunta más? ¿Responde rápido? ¿Guarda la publicación? ¿Pide precios? ¿Se inscribe? Cuando hay interés, se nota.
Validar también implica aceptar que algunas ideas no funcionan… y eso está bien. Te ahorra meses de esfuerzo. Validar es una herramienta de humildad y estrategia: te acerca a lo que la gente sí quiere y te permite construir desde la realidad, no desde el deseo.
Es el paso más inteligente para emprender con los pies en la tierra.

