Existe la creencia de que ser creativo es tener muchas ideas todo el tiempo. Sin embargo, en los negocios, el exceso de ideas sin filtro suele generar más problemas que soluciones. Cuando todo parece posible, decidir qué hacer se vuelve difícil.
Un buen proceso creativo también implica elegir. Priorizar ideas según los objetivos del negocio ayuda a enfocar esfuerzos y a construir una comunicación más coherente. No todo lo que se piensa necesita ejecutarse.
Cuando una marca aprende a enfocar su creatividad, su contenido se vuelve más reconocible. La audiencia empieza a identificar un estilo, un mensaje y una intención clara detrás de cada publicación.
Crear menos, pero con mayor intención, permite comunicar mejor y reducir el desgaste creativo.

